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Un largo pasillo y una niña pedaleando a toda velocidad en su pequeño triciclo por él. Aunque parezca mentira, no vamos a hablar de El resplandor ni de ninguna otra película de terror, sino de la escena que se repetía cada tarde en casa cuando se oía algún opening proveniente del salón. No importaba en qué lado de la casa estuviera, siempre acudía a la cita que tenía cada tarde generalmente con La 2 o con alguno de los canales autonómicos catalanes.

Desde que el mundo cambió, no sé si estamos mucho más unidos, pero lo cierto es que nuestro mundo se transformaba durante esa casi media hora que antaño pasábamos pegados a la televisión. A día de hoy, todavía guardamos con cariño los recuerdos forjados junto a las series animadas japonesas de los años 90 y primera década de los 2000, y visitarlas supone volver a una región y un tiempo donde la magia, las aventuras y el compañerismo era todo cuanto necesitábamos.

Algo extraño pasaba, digievolucionaban

Todo el mundo en algún momento de su vida ha deseado tener un compañero incondicional; no importa si puedes elegirlo o no, lo fundamental es que esté a tu lado y te guíe por el buen camino. Los Tamagotchi lograron hacernos compañía como algo digital e intangible, hecho al que se sumó Digimon con sus “monstruos digitales”. Lo que empezó como un simple campamento de verano para Tai y compañía, acabó convirtiéndose en un periplo que no olvidarían jamás, ni aún a día de hoy.

Gracias a unos personajes variopintos y muy delimitados, cada telespectador tiene su protagonista favorito, y también su Digimon. Esta serie nos proponía unas duplas que representaban, y siguen representando, algunos de los grandes miedos de la humanidad, como la soledad, la inseguridad o un futuro incierto. Evolucionar suponía volverse más fuerte, pero también implicaba un período de adaptación y una mayor vulnerabilidad durante el mismo. A su vez, volverse pequeñito solo era sinónimo de tener una nueva oportunidad.

Así, sin apenas darnos cuenta, Digimon nos enseña pequeñas lecciones de vida que poco a poco van cobrando un significado especial y a las que seguimos regresando cuando necesitamos que nos digan que no estamos solos.

Mi causa es ser entrenador tras mi gran prueba real

Existen muchos tipos de luchas y la mayoría son absurdas. En particular, aquellas relacionadas con el ocio. Un claro ejemplo de ello es la eterna pugna entre Pokémon y Digimon. Dada la relativa contemporaneidad de las series animadas y la aparición de pequeños compañeros en ellas, las comparaciones son claras, pero también son odiosas. Donde la una persigue salvar el mundo y aprender a contar con los demás, la otra está cargada de desarrollo personal a base del crecimiento propio.

Dejar tu casa apenas siendo adolescente para convertirte en el mejor entrenador Pokémon no es una decisión que se tome de la noche a la mañana, pero tener un científico en tu mismo pueblo ayuda a tomar las precauciones necesarias. El camino hasta la cima está lleno de “monstruos de bolsillo” y rivales por doquier, pero aquí también existe un compañero incondicional que hará el periplo más fácil, sobre todo si tenemos en cuenta que poco a poco podremos forjar nuestro propio equipo.

Con momentos para la comedia y para la tragedia, Pokémon marcó a toda una generación a base de amistad, perseverancia y despedidas a un Butterfree.

Que m’atrapes, que t’atrapo! Cuita a córrer!

Llaves que parecen bastones mágicos, bastones mágicos que parecen llaves. Dicen que los secretos es mejor guardarlos a simple vista, y qué mejor que llevar tu herramienta para combatir el mal encima todo el tiempo, pues nunca sabes cuándo te hará falta. Si además la criatura que te acompaña puede hacerse pasar por un peluche y tu modista es íntima tuya, conseguir tu propósito es pan comido.

Sakura, nuestra cazadora de cartas de confianza, nos enseñó lo esencial que es estar preparada en cualquier momento para actuar y que lo oscuro tiene muchas capas. Ayudar a canalizar toda la energía negativa implicaba reducirla y poder utilizarla a tu favor en futuras ocasiones. Lejos de suponer una constante batalla entre fuerzas con el mismo poder, la serie que nos ocupa también nos muestra que el amor tiene muchas formas y que ninguna está por encima de otra.

Buscando el bienestar general más que el suyo propio, Sakura nos enseña a mantenernos firmes y a hacer todo lo posible para procurar un futuro en armonía.

Vull que acceptis aquesta passió tan forta que sento per tu

Lo que ha quedado claro tras este “animado” día, y tras esta segunda entrada, es que resulta complicado elegir una sola serie que marcara, particularmente, nuestra infancia y adolescencia. Y por si fuera poco, fue una afición que vino para quedarse, hecho que queda demostrado tras la organización de este #AnimeRetroTV. Sea cuando fuere que comenzáramos a interesarnos por esta vertiente de la cultura japonesa, a sabiendas o no que el origen de las series tenía lugar al otro lado del mundo, aún a día de hoy seguimos eligiendo el anime como forma de ocio. Porque cada historia es única y tiene algo nuevo que ofrecernos.

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