Cuando se anunció en 2013 el reinicio de Tomb Raider muchos arquearon la ceja. No fue mi caso. No pretendo convertir esto en una exaltación de mi buen criterio, porque de hecho en esto suelo contar más errores que aciertos, pero en aquel momento un tratamiento más adulto del personaje y un cambio importante en la fórmula me parecían todo un acierto. Videojuegos como Tomb Raider Underworld o el spin-off Lara Croft and the Guardian of Light habían sido importantes triunfos, pero sin hablar de una saga que diera síntomas de agotamiento sí veía que un giro podía devolverla a lo más alto.
Crystal Dynamics supo reinventarse a sí misma y logró dar la vuelta a las tornas. El resto es historia, y sirvió para arrancar la trilogía de la superviviente de una manera memorable, y continuarla con la entrega que protagoniza estas líneas: Rise of the Tomb Raider.
Algunas personas se sorprendieron de lo rápido que entendía Lara Croft en el Tomb Raider de 2013 que la única posibilidad que tenía de salir de aquella isla era matando. A mí pareció lógico: Lo entendí dentro de los estándares del género, y me pareció también relativamente comprensible dentro de la imagen que he tenido siempre del personaje. Es curioso que en tantas marcas de acción y aventuras en las que se presenta a un héroe con el que queremos simpatizar, los rigores de los videojuegos los conviertan en genocidas; estoy pensando también en la saga Uncharted, por ejemplo.
Pero Rise of the Tomb Raider hace una cosa muy bien para desmarcarse de las aventuras de Nathan Drake, y es que le da un tono grave al asunto que no tiene el despreocupado héroe de Sony.
Arqueóloga experimentada
Por un lado, esta entrega nos permite ver a una heroína que ha alcanzado ya su punto culminante en su progresión para convertirse en una máquina de matar tras los hechos acaecidos en la isla ficticia de Yamatai, ubicada en el Triángulo del Dragón frente a la costa de Japón, pero también nos da el reverso. Es un ser humano que se pregunta si lo que hace tiene sentido y, en ocasiones, se desmorona cuando mira atrás y observa su reguero de muertes. Eso sí, debe quedar claro que es más bien algo que va quedando implícito, no algo que quede patente a lo largo de la aventura.
La gente de Crystal Dinamics ha hecho bien en no querer sermonearnos sobre la violencia, sería bastante hipócrita si echamos un vistazo al contador de muertes al terminar la campaña o si nos amparamos en los hechos del juego de 2013, pero sí ha acertado al mostrarnos ese lado humano de Lara Croft que hace más de diez años hubiera sido impensable, y que poco a poco se ha ido cocinando con éxito.
Ella vive al límite, es un ser que teme no estar a la altura de las expectativas, que varias veces titubea y no sabe qué camino seguir, e incluso que se permite arranques de nostalgia como los de echar de menos a sus padres ante el calor de una hoguera. ¿Por qué te cuento todo esto? Porque el desarrollo de la protagonista es, para mi gusto, lo mejor que nos deja este Rise of the Tomb Raider; y las secuencias en las que flaquea y se vuelve vulnerable son las que más me han emocionado de toda la campaña.
Lara la exploradora
Alrededor de esta dosis de profundidad para su personalidad encontramos la clásica aventura de la saga Tomb Raider. Una vuelta de tuerca al Viaje del Héroe, que tiene prácticamente todos los elementos del mito clásico, incluyendo el tema de la inmortalidad y sus diferentes mitos con un carácter poco optimista, quizá en un intento pedagógico de desalentar su deseo, el ejemplo de Ashaverus es claro, como lo es el de Sísifo, condenado por los dioses del Olimpo a acarrear eternamente una gran piedra hasta lo alto de un monte, que nunca llega a coronar debiendo repetir de nuevo sus esfuerzos.
Con todo esto, Rise of the Tomb Raider se convirtió por méritos propios en uno de los grandes juegos de su generación. Lo hizo convirtiéndose, además, en una excelente aventura que dejaba atrás esas sugerencias de que el reinicio de Tomb Raider, en realidad, era una inspiración al modelo Uncharted. La secuela protagonizada por Lara Croft demostró que tiene entidad propia y que es capaz de ofrecer mecánicas y situaciones distintas a las de otras aventuras de acción. Una máxima que se repite en esta adaptación para la consola de Nintendo.
Este análisis ha sido realizado gracias a una clave digital de Nintendo Switch 2 facilitada por Sandbox Strategies.





















