Coffee Talk Tokyo

La profesión de barista, arraigada en Oriente Próximo y extendida por todo el mundo, tiene una historia centenaria. Al principio, en los primeros cafés como los qahveh khaneh de Constantinopla y El Cairo, el barista era algo más que un simple preparador de bebidas: era un guardián de los rituales sociales, un facilitador de las conversaciones y un agudo observador de la dinámica social. Con la expansión de la cultura del café en Europa, los baristas se convirtieron en figuras centrales de la vida cultural e intelectual de las ciudades, asumiendo funciones de oyentes, consejeros y confidentes.

El advenimiento de la revolución industrial y la introducción de tecnologías como la cafetera espresso provocaron un cambio en el papel del camarero, con un mayor énfasis en la técnica y la precisión en la preparación del café.

Con la globalización y la aparición de las cadenas de cafeterías en los siglos XX y XXI, los baristas adquirieron una nueva dimensión, convirtiéndose en símbolos de cultura y gusto. Hoy son artistas y científicos, porque no solo preparan bebidas estéticamente agradables, sino que también son capaces de aplicar técnicas avanzadas para maximizar la calidad del café.

Los camareros modernos han evolucionado su papel de preparadores de bebidas a custodios de un arte complejo y una ciencia sofisticada, al tiempo que mantienen una profunda conexión con las personas y las comunidades.

Y este sentimiento es especialmente importante porque en Coffee Talk Tokyo no somos los protagonistas, ni siquiera somos un personaje especialmente memorable en las vidas de todos aquellos que vienen y van. Solo somos un camarero, una cara amable, testigo de todo aquello que dejan los que visitan la cafetería. Y si la idea funciona es porque la ambientación es perfecta; porque consigue que queramos permanecer en esta agradable burbuja en la que nuestra única obligación es presentar la bebida adecuada y sentarnos a escuchar.

Café y charla

Y si la idea funciona en el juego que nos ocupa, es porque la ambientación es perfecta; porque consigue que queramos permanecer en esta agradable burbuja en la que nuestra única obligación es presentar la bebida adecuada y sentarnos a escuchar. Como el hilo musical, aquí establecemos el tono y acompañamos, dando forma a las conversaciones pero sin llegar a reclamar nada. Es solitario estar detrás de la barra pero es agradable tener la capacidad de ayudar.

Como en el primer episodio, en Coffee Talk Tokyo tendremos que «escuchar» las peticiones y necesidades de los visitantes y transformarlos en una bebida con los ingredientes que tenemos disponibles. Algunas peticiones serán directas (los personajes nos dirán exactamente los ingredientes que quieren o el nombre popular de la bebida), y otras pasarán por indicarnos qué tipo de sabor prefieren (una bebida con café muy dulce y especiada) o por apuntar a los efectos que persiguen (algo que me ayude con el dolor de garganta y sin cafeína). 

Para hacer las diferentes bebidas tendremos que combinar entre uno y tres ingredientes (una base, un primario y un secundario) en nuestra máquina, prestando especial atención al orden en el que lo hacemos. Las bebidas especiales —que son las que buscamos preparar en la historia principal— aparecerán con un aspecto determinado y, tras hacerla, se desbloquearán en la lista que encontraremos en una de las aplicaciones del móvil a la que podremos acceder a través de la interfaz. En las bebidas con leche, además, podremos practicar con el latte art a través del mismo sistema complicado y poco satisfactorio que encontrábamos en la primera parte. 

Acertar con las diferentes bebidas nos permitirá profundizar en nuestra amistad con los personajes, algo que podremos comprobar consultando la app llamada Tomodachill que encontraremos en nuestro móvil. Es precisamente esta app uno de los elementos menos cuidados y más molestos del diseño. Por un lado, la información que obtenemos en el perfil de los personajes no es tan interesante como para que estemos pendiente de ir desbloqueando y, por otro, la parte de la app que imita la funcionalidad de Twitter nos obliga a entrar uno por uno en los «tweets» —a pesar de que se leen fácilmente desde el «timeline»— para quitar la notificación, además de mostrarnos la información sin hilar y desordenada. 

Asimismo, en ciertos momentos de la historia los personajes, en busca de respuestas e inspiración, nos pedirán que experimentemos con las recetas. Será en esos instantes cuando realmente podremos intervenir en la historia, expresando nuestro parecer a través de las preparaciones. Y como sucede en la primera parte, los finales que conseguimos tras esas escenas son abruptos y evidentes pero, también, bastante curiosos. 

La magia detrás de la barra

Al final, Coffee Talk Tokyo es, en el peor y en el mejor de los sentidos, extremadamente continuista con respecto a pasadas entregas. Por suerte, los ingredientes que hacían de su ambientación uno de los juegos más dulces del momento siguen ahí para acogernos con los brazos abiertos, llevándonos a esa inesperada burbuja de quietud y familiaridad. Es (y perdón por el juego de palabras) café para los muy cafeteros. Para aquellos que disfrutaron con las primeras charlas y que buscan, en sus noches insomnes, volver a esas calles embarradas.

Este análisis ha sido realizado gracias a una clave digital de PC facilitada por Toge Productions.

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