Entre tanta vorágine social, una necesita poner el freno de mano y dejar todo lo que está haciendo. El trabajo nos consume, los trayectos nos abrasan, las cuentas nos devoran, y así, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Por eso es cada vez más importante dedicarnos un momento para disfrutar de algo que nos guste o, simplemente, para contemplar en profundidad el entorno que nos rodea.
Se dice que, a medida que crecemos, vamos perdiendo ese afán por explorar el mundo y admirarlo desde una mirada curiosa y expectante. Por eso, probablemente, a esta pérdida de la curiosidad se deba la popularidad de los videojuegos catalogados en el comúnmente llamado género “cozy”, unos títulos que tienden, de una manera u otra, a provocarnos sentimientos de calma o de evasión.
En esta ocasión, vamos a dejarnos fluir por un tranquilo río controlando a un ser que es testigo de todo lo que sucede en el cauce del río, desde su nacimiento hasta su desembocadura, poniendo el foco en la naturaleza que la rodea –o en la falta de ella–. Esta vez, nadamos junto al solo dev HiWarp en su videojuego: Naiad.
Encontrar tu medio natural
Surfear las olas conforme vengan es un mantra que muchos adoptamos al contemplar en primera persona lo difícil que es nadar a contracorriente, sea cual sea la situación. En este caso, no surfeamos, pero sí avanzamos interactuando con los seres vivos que nos rodean, haciendo buen uso del título de guardiana del río. Esto provoca que, en repetidas ocasiones, debamos mimetizarnos con la fauna para ganarnos su confianza y llegar a buen puerto con el fin de extraer una recompensa mutua. Los animalitos cubren su necesidad y Naiad, aparte de tener la satisfacción de haber ayudado a alguien, suele hacerse con algún tipo de coleccionable.
Pero imitar el estilo ajeno y llamar la atención de mamíferos, aves y anfibios también puede comportar un beneficio común. No es un secreto que el título que nos ocupa aboga por la sostenibilidad y la preservación de la naturaleza, pero hay determinados momentos de la partida en la que les ponemos los puntos sobre las íes a los humanos. Por ejemplo, aliándonos con las abejas para que molesten a las personas que están talando árboles, para, así, liberar el bosque.
Todo esto Naiad lo hace sin apenas diálogos, pero nunca se echan de menos. Con unos pocos botones que se valen para aunar todas las mecánicas, el contexto es lo suficientemente rico como para servir de vehículo en una historia que, de una forma u otra, nos suena de algo. Porque todos nos hemos sentido perdidos en un río de dudas, pero también libres al fluir o asustados al creernos a la deriva.
Una deriva que, en esta ocasión, no es tal, gracias a una organización por capítulos que delimita a la perfección cada fragmento del río, así como los diferentes entornos naturales adyacentes, para mostrar la transformación asociada.
El arte dentro de lo cotidiano
Naiad es una delicia en lo audiovisual. No solo cuenta con un apartado visual llamativo e impactante por momentos, sino que su aspecto sonoro es capaz de transmitir lo que sucede en pantalla de una manera, cuanto menos, eficaz. Sin grandes alardes, se vale para describir el tono del escenario y dar protagonismo a los elementos pertinentes, por lo que no se le puede pedir nada más.
Y por si esto fuera poco, el título de HiWarp sigue rodeándose de arte a lo largo de toda la partida, más concretamente, con la literatura y la música.
Por lo que respecta a la literatura, la interacción con el entorno posibilita el descubrimiento de estrofas que acaban reuniéndose en poemas y que se las ingenian para describir la metamorfosis que tiene lugar en el entorno. Y en cuanto a la música, existen unos pequeños escondrijos en los que replicamos, de una forma sencilla, la melodía de una guitarra para, así, conseguir un tipo de coleccionable en forma de odas. Ambos elementos mutan durante el descenso fluvial de Naiad, logrando expresar diversos tipos de sensaciones en función del momento.
Decisiones hacia el bien común
Con todos estos elementos, Naiad es una travesía por la vida, desde sus inicios hasta su fin, en la que vamos contemplando, poco a poco, el paso del tiempo y sus efectos en el entorno. Igualmente, también deja en manos de quien está jugando unas decisiones que, de manera invisible, guían hacia qué tipo de desembocadura nos dirigimos.
Al final, Naiad es como un símil de “cada uno recoge lo que siembra”. Durante sus aproximadamente 6 horas, podemos poner el foco en la preservación de la naturaleza, en crear un mundo sostenible o no, pero la visión de HiWarp es clara: ayudar al río, a su flora y a su fauna es imperativo.
Este análisis ha sido realizado gracias a una clave digital de PlayStation 5 facilitada por Meridiem Games.





















