Celestial Return

La inmensidad del cosmos nos recuerda constantemente una verdad incómoda: somos una anomalía insignificante en un universo indiferente. Buscamos desesperadamente orden, control y significado a través de la tecnología y la razón, construyendo imperios de neón para camuflar el miedo al vacío. 

Sin embargo, la condición humana está intrínsecamente ligada a la fragilidad. Frente a la inmensidad del infinito o la incomprensión de fuerzas ancestrales, nuestras certezas se desmoronan, revelando que el libre albedrío es a menudo una ilusión y que la cordura pende de un hilo sumamente delgado. Esta angustia existencial, donde el orgullo tecnológico choca de frente con la insignificancia cósmica, es el núcleo latente que da vida a Celestial Return, una obra que no utiliza el terror cósmico y el cyberpunk como meros decorados estéticos, sino como las dos caras de una misma moneda filosófica.

El lenguaje del determinismo y la futilidad 

A través de una prosa densa, poética y cargada de cinismo noir, el guion del juego refuerza constantemente la idea de la insignificancia. Asimismo, el determinismo y la futilidad en Celestial Return no son simples temas secundarios; constituyen el armazón invisible que sostiene cada línea de diálogo y cada decisión de diseño. Tanto es así que utiliza el formato de la novela visual cyberpunk para atrapar al jugador en una paradoja existencialista: la ilusión de elegir en un universo donde las cartas ya están marcadas.

Se nos recuerda constantemente que, sin importar cuántos implantes tenga un ser humano, sus pensamientos siguen siendo arcilla moldeable para las fuerzas ancestrales que gobiernan el universo.

El detective roto frente al abismo

Cuando la jugabilidad de un videojuego se funde verdaderamente con su narrativa, las mecánicas dejan de ser simples herramientas de entretenimiento para convertirse en transmisoras de una filosofía. En Celestial Return, el sistema de juego es la encarnación misma de esa futilidad y determinismo que tiñe su universo. No estamos ante el clásico juego de rol donde acumular estadísticas nos encumbra hacia el poder absoluto; al contrario, aquí el progreso se siente como una lenta y elegante caída hacia el abismo, una experiencia que comparte un cordón umbilical innegable con la genialidad trágica de Disco Elysium.

La genialidad de ambas obras radica en cómo transforman el azar en una lección de humildad existencial. En la mayoría de los RPG, lanzar un dado es un mero trámite para calcular un éxito o un fracaso. En Disco Elysium, la tirada errónea abría las puertas a la comedia humana, al patetismo y a la aceptación de nuestra propia mediocridad. 

Celestial Return, por su parte, recoge ese testigo pero le inyecta una dosis de crueldad cósmica: aquí, los dados no son solo tu suerte, con tu propia sustancia vital. Al gastarlos y perderlos sin remedio, el juego traslada al teclado y al ratón la angustia real de ver cómo tus capacidades mentales y físicas se van evaporando. Te atrapa la certeza determinista de que, por mucho que te esfuerces en planificar el crimen perfecto o la deducción más brillante, el universo posee la última palabra, y a veces esa palabra es el silencio absoluto de un callejón sin salida.

Al final, la jugabilidad de investigación en ambos títulos se despoja de cualquier rastro de romanticismo. Examinar un cadáver, interrogar a un testigo o conectar pistas no son actos de triunfo intelectual, sino ejercicios de melancolía y cinismo. Tanto en las calles embarradas de Revachol como bajo los cielos de neón y vacío de Netherveil, te descubres como un detective decadente que intenta achicar agua con las manos en un barco que lleva hundiéndose desde el principio de los tiempos. 

La semejanza definitiva entre ambos mundos no está en sus mecánicas compartidas, sino en el poso que dejan en el jugador: la certeza de que la maquinaria del destino es demasiado grande, y que nuestra única victoria posible es elegir con qué grado de dignidad decidimos perder la partida.

La dignidad del fracaso en un universo de neón y vacío

Al cerrar el expediente de Celestial Return, lo que perdura en la mente del jugador no es la resolución de un crimen corporativo ni el eco de los neones de Netherveil, sino una profunda quietud metafísica. Al fin y al cabo, el gran logro de esta propuesta, en su íntima comunión con el espíritu de Disco Elysium, es desmantelar la mayor mentira que la modernidad y el propio medio de los videojuegos nos han vendido: la ilusión de que el control absoluto es posible

Abrazar el determinismo y la futilidad en este universo de terror cósmico y cyberpunk no implica necesariamente rendirse al cinismo absoluto, sino alcanzar una extraña y liberadora forma de paz. Cuando aceptamos que somos irrelevantes ante la inmensidad del cosmos, que nuestras tecnologías no nos salvarán del vacío y que el azar tiene la última palabra sobre nuestros destinos, el peso de la omnipotencia autoimpuesta desaparece. 

La victoria en Celestial Return, al igual que en la vida misma, no se mide en cuántas verdades inalcanzables logramos desenterrar antes de que se agoten nuestros dados, sino en cómo decidimos sostener la mirada al abismo mientras nos deslizamos inevitablemente hacia él.

Este análisis ha sido realizado gracias a una clave digital de PC facilitada por PressEngine.

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