Tchia

Nueva Caledonia es una tierra rica en cultura y patrimonio. Con una historia ecléctica, la isla es una mezcla de culturas melanesias y francesas con influencia polinesia y asiática. Situada en el remoto Océano Pacífico, Nueva Caledonia es un pintoresco paisaje rodeado de una brillante laguna azul.

Sin embargo, es una laguna tan distante geográficamente a la Francia continental como la realidad de sus habitantes a la de los ciudadanos franceses de la metrópoli y su forma de vida. Porque más allá entre las distintas comunidades que habitan las islas, existe una división tan intensa que imposibilita el funcionamiento en común para las islas en cualquier escenario que tome su destino.

Así, la cuestión Neocaledonia supone un complejo enigma de muy difícil solución que involucra por una parte a los colonos franceses -Caledoches- poseedores del poder económico y el privilegio social, por otra a los pobladores indígenas -Canacos- históricamente marginados y relegados en el desarrollo del país y finalmente como tercera al gobierno de Francia celosamente renuente a abandonar su presencia y posición militar sobre las islas.

Dicho de otra manera, en Nueva Caledonia encontramos una historia de resistencia, pero también nativos que prefieren la ciudadanía y los privilegios francófonos. Un difícil camino que debe reducir sus enormes desigualdades y que juegos como Tchia se animan a representar, a pesar de su apariencia, ofreciendo un desarrollo de mundo abierto tropical que trata sobre el paso a la edad adulta, así como otros temas adultos. Un desarrollo protagonizado por Tchia, una joven que se embarca en una aventura para rescatar a su padre del cruel tirano Meavora, el jefe del archipiélago.

La vida, la leyenda, la influencia

Por muchos es sabido que The Legend of Zelda: Breath of the Wild destacó dentro de una generación plagada de mundos abiertos casi idénticos. Tanto es así que la gente de Nintendo reformuló lo que significaban las acciones de explorar y descubrir dentro de un videojuego, valorando al jugador y su propia iniciativa. Por ejemplo, perderse en el mundo del videojuego que nos ocupa no solo es divertido, sino que también forma parte de su jugabilidad; con un objetivo en mente, dar un paso adelante, entrar en cuevas, escalar montañas o acercarnos a mundos desconocidos.

Tchia parte de esta máxima, poniendo de manifiesto un mundo vívido e impactante, con imágenes que cuentan la historia de un mundo antiguo y místico pero que a la par, posee una extraña sensación de familiaridad. Desde el primer momento, nos percatamos que estamos ante un mundo lleno de magia, donde resaltan los aportes de la obra anteriormente nombrada, entregando al jugador un mundo mitológico coherente. Un mundo arrollador en todos los sentidos de la palabra, rico, lleno de horas de contenido y con un grado de inmersión que nos hará perder toda noción del tiempo al explorar las distintas regiones que componen Nueva Caledonia.

Dicho de otra manera, Tchia es un juego que proyecta confianza y orgullo por su mundo y su narración ambiental, e invita tácitamente a los jugadores a participar en el viaje. Un mundo denso, rico y extenso que pide a gritos ser explorado, un universo donde el premio principal es estimular la capacidad de asombro de quien lo juega. Cada esquina y cada momento es una oportunidad de sorprender y despertar la curiosidad, cada lugar y cada encuentro se transforma en algo único e interesante.

Asimismo, tomar el control de prácticamente cualquier animal y objeto que hay en el archipiélago brinda un montón de posibilidades para ensalzar la pasión y la curiosidad del aventurero con ilusión.

El encanto del descubrimiento

No hay sitio sin sorpresa o reflexión dentro del vasto territorio de Tchia, en un juego que se construye a través de su mundo y no únicamente a través de su narrativa fija. Aquí, el universo en su totalidad es más importante que las piezas que lo conforman, el espíritu de aventura es en sí mismo el juego y la historia, y por ello, cada experiencia resulta única e inigualable.

Este análisis ha sido realizado gracias a una clave digital de PC facilitada por Kepler Interactive.

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