Song of Horror

Así como algunas personas disfrutan de la nocturnidad, muchas otras sufren un miedo irracional y desmedido a la noche o a la oscuridad. A lo largo de la historia, hemos sido testigos de cómo diferentes videojuegos y películas toman por sorpresa al mundo manifestando esta clase de terrores y como estos se quedan grabados en el imaginario colectivo gracias al impacto que logran causar. Por lo general, el miedo a la oscuridad suele ir acompañado de monstruos u otros seres imaginarios que nos asaltan por la noche para perturbar nuestro sueño.

Sin embargo, la obra que nos ocupa, Song of Horror, se centra sobre todo en una percepción distorsionada de los peligros que nos acechan pero que no vemos, porque sencillamente no hay luz cuando más la necesitamos. Una percepción cuyo punto de partida es una extraña caja de música con una melodía que no acepta una invasión sentimental sin atormentarnos mediante su autoridad. Sus notas forman un acorde que nos condena sin remisión hasta quedar atrapados por nuestra propia sombra, esa que todos nosotros intentamos negar mientras vivimos y que solo dificulta las cosas.

En busca de los clásicos

Hay un dicho que dice que todo tiempo pasado fue mejor. Y aunque la nostalgia es un arma sumamente peligrosa que nos hace recordar épocas que quizá no fueron tan maravillosas como en nuestra memoria, no es menos cierto que el género de terror tuvo un momento esplendoroso a mediados de la década de los 90 y comienzos del 2000. Fue una época en la que la valentía y el riesgo se daban de la mano constantemente con el fin de materializar auténticos prodigios de inquietante originalidad. Song of Horror es una oda a los logros de aquel entonces, una mirada conservadora que no tiene miedo a las comparaciones.

Por una parte, Resident Evil realizó un extraño giro de tuerca cambiando por completo la forma en que la gente veía los videojuegos de terror por medio de la supervivencia como objeto último de la experiencia. La falta de recursos, el uso de cámaras fijas y la necesidad de obligarnos a hacer backtracking son algunos de sus principales baluartes. Silent Hill, por su parte, se desmarcó del resto de obras por el tipo de terror que conseguía. No era miedo a morir, de estar sin munición, sino simplemente miedo de seguir hacia adelante en un universo tan poco saludable como retorcido. Finalmente, Project Zero se amparó en los fantasmas del pasado para ofrecernos un desarrollo sorprendentemente sobrio y sostenible cuya sensación de indefensión se exhibía ante situaciones adversas.

Song of Horror es una especie de cóctel en el que se utilizan densidades más o menos equiparables de todos estos juegos para crear una serie de capas de colores que reverberan tiempos pasados. Conoce al pie de la letra los tropos del género de terror y es por ello que cada uno de los cinco episodios en los que se divide esta pesadilla ponen de manifiesto escenarios que nos resultan familiares, que van desde la mansión del señor Husher hasta un hospital psiquiátrico, encontrándonos constantemente con puertas cerradas con llave y rompecabezas que desafían toda lógica. Todos tenemos en la memoria olfativa claros recuerdos de aromas de otro tiempo y el estudio con sede en Madrid sabe cómo despertarlos.

La muerte no es el final

Como se ha mencionado, la muerte es inevitable, lo que otorga un interés creciente por la fragilidad. Su fétido olor nos persigue, independientemente de lo rápidos que seamos. Empero, la vida en un videojuego define cuántas veces se puede reintentar un reto. Sin embargo, pese a que Song of Horror actúa como un juego clásico del género, también trasciende más allá de las comparaciones, puesto que nuestras acciones pueden marcar la diferencia entre dejar vivir o morir a nuestro personaje. De repente la vida se acaba, pero eso no representa el final de nuestro periplo, ya que otra persona puede tomar el relevo. 

Concebida como una obra coral, vamos interactuando con distintos personajes afines a la historia que toman el testigo en pos de desentrañar todos los misterios que esconde la caja de música maldita. De la misma manera, cada uno de ellos realiza comentarios diferentes a la hora de interactuar con el entorno, lo que confiere un amplio rango de situaciones que otorgan variedad y un valor rejugable. Un valor que se hace especialmente patente por culpa de esa entidad paranormal que nos persigue a lo largo de la aventura desde las sombras y que siempre se adapta a nuestros movimientos, por lo que la tensión es constante y la experiencia sumamente cambiante.

Esta trampa mortal no sentó bien a muchos jugadores y desde Protocol Games se vieron obligados a cambiar las tornas mediante un añadido totalmente opcional que nos permite tener otras prioridades, y con ello nuestros actos y nuestras decisiones. Se dice que la suerte y el destino no se pueden cambiar, pero Song of Horror nos da la oportunidad de enmendar nuestros errores si así lo queremos. Rompe todo sentido de la narrativa, que duda cabe, pero también busca reconciliar a todos esos jugadores que se han sentido frustrados por perder personajes con los que se han encariñado y que han sido arrastrados hacia el abismo por una masa de almas.

Entre el miedo y las sombras, el cántico más terrorífico de Protocol Games despierta un sentimiento de pertenencia por los viejos tiempos. Y aunque sus cuerdas no siempre están bien afinadas, resulta inevitable que nos dejemos embaucar por la connotación de sus notas, viéndonos abocados desde el inicio a un mar de sombras.

Este análisis ha sido realizado gracias a una copia digital en PlayStation 4 facilitada por Renaissance PR.

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