Roguebook

Pese a que es algo que requiere de una actitud vital sólida, siempre debemos asumir la derrota con naturalidad, sin intentar transformarla en una victoria. Después de todo, el fracaso es inevitable e ineludible, aunque nunca debe tener la última palabra. Pero esta máxima no se aplica sólo en los quehaceres de la vida, sino también a través de la ética en el ámbito académico, dado que no tenemos que caer en la trampa de intentar memorizar algo de manera fiel, pues no aporta demasiado saberse cantidades ingentes de contenidos que quizá no nos aporten nada. En otras palabras, memorizar no es el fin del aprendizaje, sino el hecho de realizar un trabajo previo de comprensión y entendimiento del contenido, para saber diferenciar aquello que se entiende perfectamente y se pueda explicar con palabras propias.

Si ponemos nuestras miras en el videojuego, no son pocas las obras que ponen a prueba nuestra paciencia y habilidades cuando nos hacemos a los mandos, y no tanto la memorización (aun cuando haberlos los hay). De hecho, en los últimos años hemos podido disfrutar un enorme abanico de títulos que se engloban bajo el paraguas del roguelike, un género cuyas mecánicas basadas en la repetición recompensan la perseverancia del jugador y que ha tenido un importante despunte en lo que a popularidad se refiere de un tiempo a esta parte. En este caso, por medio de un puñado de títulos que incluso años después del lanzamiento oficial, siguen formando parte del imaginario colectivo de los jugadores. 

Con una competencia cada vez más feroz por “culpa” de títulos en los que las cartas dominan el campo de batalla, no son pocos los contendientes que intentan hacerse un hueco en un mercado donde cada vez es más complicado llamar la atención, siendo Roguebook una de las últimas incorporaciones. 

Roguebook, una metáfora de tinta

Un libro es el medio de transporte que a más destinos puede llevarnos, ya que leer es esa puerta que se abre a infinitas posibilidades: historias del pasado, visiones sobre un futuro incierto, mundos y poderes imaginarios… Asimismo, representa la inspiración que en ocasiones nos golpea con mucho fervor y Roguebook nos inspira, nos anima y nos enseña en la medida de lo posible mientras buscamos alguna forma de escape por culpa de un libro maldito que nos tiene presos a través de sus páginas

Sí, el libro representa la cárcel en la que estamos prisioneros, si bien, también podemos cambiar nuestro destino. Uno que está auspiciado por el uso de una tinta con propiedades mágicas, distribuida de manera aleatoria y limitada en cantidades que nos permite avanzar a lo largo de un escenario compuesto de hexágonos. Además del claro reto que presenta cada casilla que recorremos, hay algo refrescante, incluso fascinante, en el acto de fallar una y otra vez. Esa tentadora recompensa amparada en el dolor que nos inunda cada vez que nos hacemos a las armas es una motivación más que suficiente para que queramos intentarlo una y otra vez, solo para fallar justo a las puertas del final. 

Roguebook

Los golpes que puede asestar la adversidad son muy amargos, pero Roguebook nos brinda todo lo que necesitamos desde el principio: un mazo de cartas predeterminado y la necesidad de recolectar páginas, además de cantidades industriales de oro, que nos ayuden en el recorrido de nuestra historia.

Un mazo de posibilidades

En plena efervescencia de los juegos de cartas, una fiebre que popularizó la gente de Blizzard Entertainment con su Hearthstone allá por el año 2014, no han sido pocos los títulos que se han aprovechado de esta tendencia. Slay the Spire y su fusión tan particular que combina las cartas tradicionales con los roguelike, es uno de los casos más sonados desde su salida en 2019. Al fin y al cabo, se trata de una propuesta de aparente sencillez y desafío que hace gala de un delicado balance entre riesgo y recompensa, así como un endiablado sistema de dificultad que nos reta constantemente por medio de una actitud muy obstinada. Desde luego, Mega Crit Games supo cómo crear una obra que nos sigue obligando a recorrer los mismos niveles con dificultades añadidas.

Aunque no con la misma brillantez, Roguebook sabe muy bien cómo jugar sus cartas manifestando la imperiosa obligación de que mejoremos todo lo posible antes de cada enfrentamiento final. Empero, también nos enseña a ser conscientes de que combatir a los enemigos en exceso puede dejarnos a las puertas de la muerte, sobre todo cuando queremos enfrentarnos a una amenaza mayor. Al final, el juego desarrollado por Abrakam Entertainment SA es uno que se ampara en ir mejorando nuestras habilidades durante cada recorrido, la paciencia como arma y también en tener un poco de suerte. 

En otras palabras, lo importante es ser capaces de detectar y aprovechar las oportunidades en el momento adecuado para dar el “mazazo” definitivo.

Este análisis ha sido realizado gracias a una copia digital de PC facilitada por NACON España.

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