Q-Yo Blaster

Aunque ya no arrastre a las masas, los shoot’em up, o lo que es lo mismo, los matamarcianos, son uno de los géneros más prolíficos en la historia de los videojuegos, pues su estructura clásica en la que oleadas de naves alienígenas contrarias nos asedian nivel tras nivel y la incorporación de jefes finales siempre han conquistado los corazones de muchísimos jugadores. Y aunque podría decirse que este ha entrado en un estado de letargo, no han sido pocos los estudios que han hecho grandes demostraciones de cómo revitalizar un género con tantos años de antigüedad. 

Si bien, a veces nos ha invadido un sentimiento de nostalgia cuando hemos puesto nuestras miras en la edad de oro de Konami y sobre todo en sagas como Parodius, una parodia longeva de la serie Gradius, dado que su particular sentido del humor, su enorme despliegue de situaciones y enemigos que rozan el ridículo más absurdo no han sido demasiado replicadas con el paso del tiempo.

Por suerte, ejercicios como Q-YO Blaster representan un modelo de excepción, puesto que los títulos antes nombrados han inspirado muchos de los elementos aquí presentes, desde su extravagante y algo ridícula apariencia, hasta su jugabilidad frenética y adictiva compuesta a base de poderes especiales, así como la ayuda de seres místicos. Conciso, frontal y elocuente desde los primeros compases, es un título con una estudiada gestión de la dificultad que también coquetea con el bullet hell sin perder nunca de vista que estamos en un juego horizontal.

Evocando los desafiantes clásicos de los viejos tiempos

Más allá de todos sus ingenios mecánicos y una dificultad endiablada, el mayor encanto de Cuphead reside especialmente en su dirección artística. En ese sentido, la inventiva que demostró Studio MDHR a la hora de ofrecer un derroche de creatividad sacó a relucir un retorcido sentido del humor y un tenebrismo que se extiende tanto a la estética de sus personajes como a sus diferentes transformaciones. En pocas palabras, nos brindó una apariencia sin igual y de descarada personalidad.

Haciendo gala de un estilo pixel-art, Q-YO Blaster evoca precisamente el semblante desenfadado del título antes nombrado, pero también está inspirado en la explosión estética de los años 90. Una estética que alimenta nuestra obsesión con un futuro súper tecnificado con referentes visuales o el movimiento masivo de una música sumamente estrafalaria.

Nada nuevo bajo el sol

Innovar en los videojuegos es realmente complicado, ya que la tradición siempre golpea con fuerza las puertas del trabajo, especialmente en vista de que salir del camino se antoja realmente como un acto innecesario. Como cabría esperar, Q-YO Blaster forma parte de esta tradición, si bien, también se trata de una obra que reivindica el derecho a la accesibilidad. Sí, esta suerte de shoot’em up es desafiante, de eso no cabe duda, pero la gente de Team Robot Black Hat ha conseguido que la experiencia en conjunto sea asumible para el jugador a través de unos niveles que, si bien exigen un extra de precisión, ofrecen todas las facilidades posibles para que estos sean completados.

Por otra parte, a pesar de que el juego que nos ocupa bebe de muchos de los títulos antes nombrados, su ejecución con desplazamiento lateral le da un toque de identidad que cristaliza mas aún un profundo sentimiento de gratificación al cerrar varios niveles que, vistos en perspectiva, podrían parecer imposibles. 

Este análisis ha sido realizado gracias a una copia digital de Xbox One X facilitada por Forever Entertainment.

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