Hell of Men

Dentro de los RTS, la saga Age of Empires es una de las más populares en el mundo del videojuego en general. Y pese a que esta ha estado en un profundo letargo desde algo más de una década, hemos visto recientemente el regreso de algunas entregas pasadas con una nueva capa de pintura así como el anuncio de una cuarta iteración. Y diréis, ¿por qué es tan importante? Porque supo crear su propio estilo de juego, sin copiar descaradamente el de otras propuestas que dominaban el mercado allá por la década de los 90.

Su éxito es indiscutible y durante más de 20 años se ha convertido en el espejo donde todos quieren verse reflejado. Por supuesto, Hell of Men: Blood Brothers también es una extensión de este reflejo, dado que es una obra que irrumpe en el tumultuoso mundo del belicismo. Uno que nos invita a sobrevivir en enormes entornos hostiles.

Vivimos en tiempos belicosos

Aunque el principio es el mismo, pues en ambas propuestas jugamos con facciones que tienen características diferenciadas en función de su historia, en Hell of Men: Blood Brothers no vamos a jugar con civilizaciones repartidas en épocas mesopotámicas ni grecolatinas, así como un largo etcétera, sino en un entorno contemporáneo dinámico y competitivo. Sí, el conflicto es inherente a la humanidad, pero a través de un puñado de campañas que ofrecen distintos puntos de vista, se nos irán encomendando misiones consistentes en la destrucción de cuarteles y la expulsión de enemigos varios.

Ahora bien, la importancia del título que nos ocupa reside sobre todo en la recolección de recursos que se necesitan para crear unidades de infantería y técnicos, al igual que la construcción de bases militares, entre otras cosas. Tanto es así que la base del éxito en cada misión viene auspiciada por la gestión. Desde un punto de vista estricto, es decir, aquel en el que se considera una guerra a un enfrentamiento bélico continuado entre dos bandos, es justo decir esta que puede durar muchos años y que es algo más que un relato hecho de batallas decisivas. Es como una partida a fondo en la que no basta con fijarse en el resultado, sino en el proceso.

En otras palabras, Hell of Men: Blood Brothers es la máxima expresión de desgaste por medio de un número de tropas y suministros constantes, ya que pasaremos mucho tiempo llevando a cabo las gestiones pertinentes antes de hacernos finalmente a las armas. Reivindica la solidez estratégica, la resolución y la necesidad de afianzar posiciones mientras allanamos el terreno.

Ejército de un solo soldado

Desarrollar un videojuego es una tarea bastante costosa y nada desdeñable. Tal es así que muchos de nosotros estamos acostumbrados a ver grandes obras en las que hay muchas personas involucradas y cuyas pantallas de créditos interminables ponen de manifiesto todo lo que hay involucrado en un desarrollo. Empero, hemos visto que en varias ocasiones se ha conseguido la hazaña de ver juegos creados por una sola persona. Es algo que, a simple vista, parece inconcebible, dado que se necesita tener muchos conocimientos de programación, diseño de niveles, arte…

Son un sinfín de tareas que Whacky Squad Studio en Hell of Men: Blood Brothers ha sabido portar con soltura en el campo de batalla. Y aunque si bien es cierto que en algunas ocasiones tenemos que enfrentarnos a un popurrí de limitaciones, desde problemas técnicos que se reflejan con explosiones y acción por doquier, hasta una interfaz sumamente caduca, es una experiencia disfrutable, que puede llevar muchas horas completar y que hace resonar los tambores de guerra de tiempos pasados.

Este análisis ha sido realizado gracias a una copia digital en PC facilitada por Zerouno Games.

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