The Last Door

En el panteón del terror moderno hay muchos nombres y estilos diferentes. Desde el horror romántico de Edgar Allan Poe al costumbrismo de Shirley Jackson, pasando por el gótico de Daniel Hawthorne, se teje un camino marcado por la admiración y la posterior influencia que invita a los escritores a construir sus trabajos en relación al de los demás. Sin embargo, ningún otro autor moderno ha afectado tanto a sus sucesores y contemporáneos como H. p. Lovecraft, el padre del terror cósmico.

Tanto es así que es difícil imaginar un mundo sin Lovecraft, sobre todo cuando ponemos nuestras miras en su imaginario y la utilización de un entorno no clasificable en nuestro espacio tiempo y la poca importancia del ser humano frente al tiempo y el universo. Una historia en donde la ciencia ficción nunca ha tenido prestigio, en la que el horror sigue encapsulado en castillos góticos poblados de fantasmas y en la que decenas de autores reputados no han encontrado una publicación adecuada para debutar. Una realidad en la que los videojuegos no han inventado la mecánica de la cordura porque no necesitan reflejar las tensiones ante la desconexión de la realidad.

La influencia de Lovecraft en la literatura y la cultura popular es inabarcable. Y es imaginar un mundo sin él lo que puede, de verdad, volvernos locos. Por eso es de agradecer que existan juegos como The Last Door, una aventura point-and-click de miedo y suspense que se ambienta en la Inglaterra victoriana. Una aventura protagonizada por Jeremiah Devitt, una persona normal que vive una vida normal, como cualquiera, que de repente recibe una carta de su antiguo compañero de clase Anthony Beechworth con un alarmante y críptico mensaje.

The Last Door y las profundidades del miedo

Desde este punto de partida, comienza un viaje en el que hay puertas que es preferible no volver a abrir. Un viaje que no solo nos envuelve en una atmósfera de misterio y locura, sino que además fluye con velocidad y toca temas profundos.

Precisamente, es en la prosa de The Last Door, que se abre frente a nosotros las mismas bocas del infierno, anormalidades levemente insinuadas por el poder de unas palabras de cuya inocencia apenas dudamos, hasta que las voces quebrantadas y sonoras que forman parte del juego de marras, tensas de emoción, nos revelan las temibles implicaciones; siluetas y presencias adormecidas, que despiertan súbitamente en un instante fóbico acarreando la locura o retumbando en memorables y cataclismos ecos.

La obra desarrollada por la gente de The Game Kitchen y publicada por PID_Games, la cual ya se encuentra disponible en formato físico tanto en una edición normal (Complete) como coleccionista (Legacy) en Nintendo Switch y PlayStation 4 gracias a Tesura Games, es un aquelarre que desgarra los mantos del decoro. Una visión tanto más monstruosa que hace que cada detalle se ubique, con aparente facilidad, en relación con las conocidas miserias de la vida material.

Una aventura gráfica de corte tradicional

Hubo un tiempo dorado en algún lugar en medio de las últimas décadas del siglo pasado, en el que el género de los point-n-click prácticamente arrasó con todo. Bajo los pilares sólidos de las aventuras gráficas y de texto que les precedieron, el género clave de los 80s y 90s incorporó nuevos cambios importantes con el paso del tiempo. Nuevos rumbos que vinieron precedidos por nuevas demandas, y provocado por numerosos factores: desde su tecnología, jugabilidad, hasta sus jugadores. Un género que vivió su época dorada en los 90 y que, de un tiempo a esta parte, ha vuelto a las andadas con el fin de ofrecernos decenas de horas dando vueltas y probando las combinaciones más inverosímiles de objetos.

Precisamente, la propuesta jugable de The Last Door es la de una aventura gráfica de toda la vida, ya que apuesta por unas mecánicas sorprendentemente minimalistas y un desarrollo en el que la gran mayoría de los puzles están basados en recoger elementos de los escenarios y saber dónde utilizarlos. Dicho esto, ¿son muy difíciles? Pues para todos aquellos que sean veteranos curtidos en mil batallas la verdad es que no lo es demasiado, aunque siempre es desafiante, y a diferencia de otras obras que se amparan en la misma máxima, no hay rompecabezas absurdos, todo tiene cierta lógica y siempre te dan pistas si estás lo suficientemente atento, lo que hace que sea muy satisfactorio.

Además, The Last Door siempre se las ingenia para que el desarrollo fluya, y con una dificultad muy bien medida que no nos hace perder la poca cordura que nos queda.

De la desesperación a la locura

Porque por lo demás, The Last Door reivindica una existencia fuera del entendimiento racional, un mundo de sueños y pesadillas maravillosos, ajenas a las dualidades maniqueas, obligándonos a seguir viviendo resignados a una ceguera que nos mantiene a salvo, a un desconocimiento necesario para seguir existiendo y para recuperar lo que se había perdido. El resto, como se dice, es un enfrentamiento con los límites del racionalismo y del determinismo que probablemente marque el camino de Jeremiah Devitt y cía en su viaje a un mar inescrutable.

Un enfrentamiento que nos despoja de todo destino final y que nos empuja más si cabe a un abismo lleno de desesperación y dolor, entre el orden y el caos, entre la vida y la muerte.

Este análisis ha sido realizado gracias a una copia digital de PlayStation 4 facilitada por Tesura Games.

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