G-Darius HD

Hubo una época en la que el ser humano no aceptaba el hecho de estar solo en el universo, pero una vez que supo que más allá del firmamento podían existir otros planetas con las mismas características, se activó la idea de nuevas especies extraterrestres; nuevos mundos esperándonos. Sin embargo, la interacción entre dos especies inteligentes no tiene porqué derivar necesariamente en una coexistencia pacífica, sino todo lo contrario: la aniquilación y la supervivencia; la imposición de una sobre la otra. Dos mundos enfrentados por un control sobre la misma nada.

Los shoot’em up surgieron como una manera de recrear estas tendencias belicistas de forma adrenalínica, dado que machacar un botón significaba potencia, derribar un objeto no identificado, una nave o un monstruo derivaba en desahogo, en valentía… Con esa imbatible idea en mente fueron pasando los años, desde una pantalla completamente estática a una vista vertical, añadiendo el desplazamiento lateral para conseguir mayor libertad de movimiento por escenarios horizontales para luego mezclar todas las vistas anteriormente mencionadas.

El auténtico rey león

Millones de naves enemigas caían a diario y el planeta Tierra siempre resultaba victorioso. Sagas como Gradius y R-Type no solo se ponían en nuestra contra ofreciendo todo tipo de peligros y nos obligaban a seguir un determinado recorrido, sino que también ampliaron las posibilidades jugables de los shoot’em up de manera exponencial, convirtiéndose en los referentes indiscutibles de los matamarcianos. 

Pero echemos la mirada atrás (todavía más) en el tiempo, porque lo que nadie puede negar es la importancia que ha tenido Taito y Tomohiro Nishikado en la industria de los videojuegos, sobre todo gracias a su primer gran éxito que consiguió que hubiera escasez de monedas en el país del sol naciente. Un problema nacional auspiciado por una máquina recreativa que recibía el nombre de Space Invaders y que contribuyó a sentar las bases de los videojuegos modernos, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. 

Lo que sí se puede decir es que la cosa no acaba ahí, ya que también sucumbieron a los escurridizos encantos de la serie Darius y este G-Darius HD, uno de los shoot’em up más característicos de la compañía nipona y a la que siempre se ha asociado con jefes mecánicos en forma de pez.

No hay mejor defensa que un buen ataque

Por lo pronto, no existe ninguna diferencia formal entre un R-Type y este G-Darius HD en términos de carnicería espacial, ya que los enemigos aparecen desde el fondo o incluso por detrás, teniendo que esquivarlos y derribarlos de forma simultánea. De la misma manera, el esquema de fases responde también al de un shoot’em up, comenzando con la eliminación de enemigos pequeños y acabando enfrentándonos a un coloso espacial, jefazos imponentes con muchos patrones distintos, memorizables y que siguen un orden determinado en la ejecución de sus ataques.

Si bien, la obra que nos ocupa marca su propio territorio, yendo más allá de ofrecernos un desarrollo que da una sensación panorámica y la posibilidad de elegir la ruta a seguir. En este caso, por medio de un sistema de captura de naves espaciales enemigas que pone de manifiesto cierta profundidad estratégica. Dicho de otra manera, contamos con varias cápsulas que podemos lanzar contra la mayoría de nuestros enemigos para así convertirlos en aliados involuntarios y aumentar nuestra potencia de fuego. Al menos, hasta que estos son abatidos o bien convertidos en una poderosa bomba de devastadores efectos.

Ese es uno de los motivos por el que G-Darius HD sobrevive al paso del tiempo, a pesar de no contar con tanta fama como las sagas antes nombradas. Y porque la variedad de sus extraños habitantes que parecen sacados de las profundidades marinas no tienen desperdicio alguno.

Este análisis ha sido realizado gracias a una copia digital de Nintendo Switch facilitada por PR Hound.

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