Forgotten Fields

La nostalgia, esa suerte de melancolía amparada en el deseo de que todo vuelva a ser como era. Acostumbrados como estamos a que el cine, la música y la literatura disfracen la superficialidad de nostalgia ochentera previa a la llegada de los perniciosos tentáculos de Internet y las tecnologías de la comunicación digital, queremos mantenernos anclados en un tiempo que ya no existe. ¿Y por qué? La respuesta es porque nos sentimos insatisfechos con nuestro presente. En otras palabras, en el mundo real, la nostalgia es paralizadora y puede conducirnos a la mentira. Adquiere la forma en que queremos escapar de uno de los factores que más nos ayuda a avanzar: nos condena a vivir del recuerdo. 

Y Forgotten Fields es una obra de cálidos parajes costeros que manifiesta, durante buena parte de su desarrollo, una dependencia emocional hacia el pasado. Una obra contada a través de los ojos de un escritor que pierde la eficiencia para generar nuevas ideas y así producir nuevo material.

Recuerdos del ayer y el poder del ahora

Es probable que hayamos tenido éxito en el pasado en alguna faceta de nuestras vidas y que queramos estar a la altura del nuevo desafío. Empero, sin una razón concreta, somos incapaces de avanzar en nuestro nuevo proyecto, nos distraemos, nos surgen un montón de cosas que nos incitan a abandonar lo que estamos haciendo… El propio miedo al fracaso es lo que nos bloquea, y aunque puede ser algo completamente normal, no debemos permitir que eso nos condicione demasiado.

Forgotten Fields

Sin embargo, la historia de Forgotten Fields va mucho más allá de eso, más allá de la incapacidad de representar la información escrita desde una representación mental, pues a medida que vamos avanzando en la historia de Sid, otrora un premiado escritor y autor de novelas, vamos descubriendo algunas de las causas tras su bloqueo. Vemos como su falta de confianza hacia el resto de personas, su incapacidad para disfrutar de la vida, le han generado un sentimiento de vacío, llegando a conclusiones erróneas y tomando decisiones desafortunadas que lo han alejado de sus seres queridos.

Por ende, la obra que nos ocupa es un viaje adaptado a un clima cálido y seco en el que afrontamos las consecuencias de nuestras acciones pasadas. Un viaje reparador en el que nos reencontramos con caras conocidas y reconocidas en el ámbito familiar que dejan caer nuestros muros y corazas emocionales. Al final, luchamos contra aquello que nos aqueja y tratamos de darle la vuelta a todas esas cosas que consideramos que hemos hecho mal.

Un viaje a la infancia

Por supuesto, en mitad de ese viaje también tendremos que cerrar de vez en cuando los ojos y pensar en nuestra infancia, en todo aquello que nos hizo ser como somos, ya sea rememorando la intensidad del amor en la adolescencia, la caricia de una mano querida, la firmeza de un brazo amigo o como la añoranza también puede unir a una familia. Estos viajes retrospectivos escritos con mucho garbo son los que dan encanto a la obra que nos ocupa, dado que ofrecen un acercamiento a lo cotidiano, a aquello que se hace todos los días. En otras palabras, son pasajes que quieren reivindicar la importancia de apreciar las cosas sencillas y que no cambiaríamos por nada en el mundo.

Forgotten Fields

Por otra parte, Forgotten Fields es un periplo con tendencia a crear ambientes e imágenes preciosistas, cargadas de belleza y con una gran fuerza artística, dado que consigue satisfacer esa necesidad de puro placer mediante una brisa marina, así como casas vívidas que hipnotizan y envuelven el conjunto. Un periplo que más allá de recordar las cosas que vivimos, también nos insta a crear nuevos recuerdos con las personas que están a nuestro lado, esas que cada día conviven con nosotros.

Este análisis ha sido posible gracias a una copia digital facilitada por Neonhive.

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