Daymare 1994

Siempre que hablamos o jugamos a alguna aventura de terror, se nos viene a la cabeza el nombre de Resident Evil. Una aventura que tal vez no creó un nuevo género, pero sí que evolucionó el terror hasta tal punto que surgieron los llamados Survival Horror.

Al fin y al cabo, la obra surgida en la compañía de la prefectura de Osaka, y creada a través de los ojos de Shinji Mikami, no solo se convirtió en una propuesta capaz de generar miedo a quien lo estuviera probando; también quería ser un gran videojuego. Y entre todo eso es como surgió una de las grandes sagas del mundo de los videojuegos. Una saga que instauró una manera de entender el miedo gracias a las cámaras fijas y el no tener suficientes armas de fuego para hacer frente a lo que se nos avecinaba.

Y el resto es historia, porque el mercado y la competencia supo ver en la franquicia de marras un nuevo camino a seguir, una nueva forma de hacer las cosas.

Cómo un homenaje se volvió videojuego

Nacido de las cenizas humeantes de un remake no oficial de Resident Evil 2 que trascendió a oídos de Capcom, Daymare 1998 nos devolvió a las raíces del survival horror. A este respecto, mediante una propuesta que no niega en ningún momento la influencia de una obra con referencias familiares, así como una atmósfera terriblemente auténtica con sabor a la vieja escuela. Una propuesta que no buscaba generar ningún tipo de sensación en el jugador que no girase en torno al agobio, la claustrofobia y el terror.

Por resumirlo de alguna manera, Daymare 1998 puso sobre la mesa los ingredientes necesarios que hacían de Resident Evil uno de los juegos más influyentes, algo que la gente de Invader Studios y Leonardo Interactive han querido repetir con un nuevo título en ciernes.

El terror de siempre está de vuelta

A modo de precuela, Daymare 1994: Sandcastle nos mete en la piel de la agente especial Dalila Reyes, una antigua espía del gobierno ahora al servicio de una unidad llamada H.A.D.E.S. (División Avanzada de Extracción y Búsqueda de Hexacore), con el fin de adentrarnos en la oscuridad de las desoladas y laberínticas profundidades de un complejo de investigación militar. Y hasta ahí podemos leer.

Porque a lo largo de los 20-30 minutos en los que se extiende esta demostración jugable, no vamos a hacer otra cosa que abrirnos camino a través de una serie de escenarios realmente opresivos y con un empleo de la iluminación estupendo a la hora de lidiar con la oscuridad y de crear amenazantes sombras incluso donde solo las ve nuestra imaginación. Todo eso mientras hacemos frente a unos enemigos muy ofensivos que no nos pondrán las cosas nada fáciles.

En sí, todo lo gráfico y técnico es bastante rotundo, pese a no estar exento de algunas bajadas en la tasa de fotogramas. Si bien, el mayor logro de este Daymare 1994: Sandcastle reside sobre todo en la introducción del Frost Grip, una especie de arma congelante con la que podremos romper el hielo. Concretamente, contra unos enemigos que pueden volver a la vida después de ser abatidos en una forma completamente nueva y ser incluso más letales que antes. 

Eso sí, también puede ser empleada para resolver algunos rompecabezas, que aunque no van a alimentar las neuronas de todo aquel que se adentre en esta propuesta, sí que son lo suficientemente atractivos como para que el desarrollo jugable sea lo más variado posible.

La génesis del survival horror heredero

Todavía es pronto para medir los impactos sobre el terreno de una propuesta que llegará en algún momento de este año 2022. Sea como fuere, Daymare 1994: Sandcastle intenta ser algo más que un homenaje de la saga de Capcom, pues el segmento que hemos jugado consigue ofrecer un ritmo trepidante, una acción adictiva y una estupenda selección de rompecabezas. Óptimo para despertar la nostalgia de los seguidores más acérrimos, e interesante para los recién llegados. Así es como podríamos definir esta suerte de génesis del survival horror heredero de Resident Evil.

Estas impresiones han sido realizadas gracias a una clave digital anticipada de la demo facilitada por Jesús Fabre.

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