Sandwalkers

En la ficción, podemos encontrar innumerables imaginaciones sobre cómo será un futuro muy, muy lejano. Las principales alternativas se sitúan entre mares de neón con estética ciberpunk y océanos de arena con tonos áridos e inertes; ambos, sin demasiada esperanza para lo que queda de humanidad. La cuestión es que, al paso que vamos, con la crisis climática que ya se arrastra desde hace unos años, no resulta descabellado visualizar la Tierra como un páramo desierto o como todo lo contrario, con ciudades bajo el mar y una gran masa de agua reclamando lo que es suyo.

En este caso, emulando obras como la saga Mad Max o Dune, Sandwalkers –el título que nos ocupa y que podríamos traducir como “caminantes de la arena”–, se vale de su propio nombre para proyectar la imagen de lo que nos vamos a encontrar y el tipo de futuro con el que ha a haber que lidiar. Así que, con una invitación tan clara por parte de Goblinz Studio, solo queda adentrarnos en el desierto y rezar para que no se nos meta arena en las botas.

La unión hace la supervivencia

El mundo se ha ido al traste y la consecuencia se nota en un clima adverso para la vida. Aun así, los seres supervivientes han creado una serie de tribus que persiguen vivir un día más de formas distintas, con estrategias diferentes pero enfoques comunes dentro de ellas. Con este argumento principal, Sandwalkers nos pone en la piel de unos Mka cuyo afrontamiento se centra en enviar un grupo de supervivientes a peinar las arenas con el fin de dar con la tecla para frenar el Phithi, ese fenómeno que constituye el origen de que los árboles se hayan secado y el agua sea un bien escaso.

Estos grupos que parten en expedición son llamados caravanas y se componen de hasta cuatro integrantes. Estos integrantes tienen unas habilidades y características concretas, directamente relacionadas con sus fortalezas en batalla y con su capacidad de supervivencia, que pueden determinar el devenir de la caravana. Así, Goblinz Studio nos ofrece una gran variedad de tipos y movimientos para crear una estrategia a nuestra imagen y semejanza, con personajes que adoptan el rol de tanque, mago o asesino, entre otros.

Y aquí entramos en uno de los gruesos de la aventura: el combate. Bien sean aleatorios en forma de emboscada o visibles en el plano, cada contienda sigue un mismo patrón a través de ataques por turnos predeterminados y sin tiempo establecido. Del mismo modo, también se cuenta con la información de a quién va a afectar el próximo movimiento de cada enemigo, pudiendo planificar nuestras elecciones para priorizar el ataque o la defensa. 

A pesar de ello, preparar nuestra cometida no resulta tan sencillo. De hecho, en Sandwalkers entran en juego variables como la experiencia compartida, que nos obliga a elegir a quién subimos de nivel, y la ausencia de restitución de los puntos vitales tras cada batalla. Esto provoca, con cierta trampa que explicaremos más adelante, que equipemos elementos a los personajes tan pronto como los tengamos, además de pensar qué habilidades les conferimos a los exploradores una vez suben de nivel.

Un renacer constante inevitable

Por si los momentos de combate se antojan poco exigentes, las amenazas en Sandwalkers van más allá, ya que, como consecuencia de la situación del mundo, este se ha convertido en un escenario hostil. Tanto es así que movernos por la cuadrícula hexagonal que supone el mapa a modo de tablero de rol nos cuesta provisiones o, en caso de que estas se acaben, pagamos con la propia vitalidad. Cada tipo de terreno –hierba, arena, cambios de altitud, etc.–, a su vez, también varía la cantidad de elementos consumidos. Unas variables que, sumadas a los eventos aleatorios que surgen a medida que recorremos el mapa, tienden a suponer un obstáculo más que un facilitador de la aventura.

Sin embargo, en Sandwalkers el fracaso es inevitable, y aquí es donde se deja entrever su vertiente roguelike. A la aleatoriedad de determinados eventos, incluyendo los fenómenos meteorológicos, se suma un reinicio asegurado y bastante recurrente al principio por diversos motivos. Por una parte, en los primeros compases del videojuego casi todo supone un peligro, hasta que, poco a poco, las amenazas en combate y mapa y la falta de consumibles y de unas buenas estadísticas dejarán paso a una experiencia más equilibrada. Y por otra parte, y más determinante, Goblinz Studio nos “obsequia” con una muerte permanente –o permadeath– que aboca a nuestra expedición a la inexistencia cuando se agotan los puntos de vida de toda la caravana.

Pero esta vez, morir es ganar y aprender, por lo que bajo estas condiciones, solo nos queda repetir la expedición hasta que los caídos nos permitan acumular el conocimiento y los fragmentos de historia suficientes como para desbloquear mejoras que nos permitan organizar de forma eficiente la aventura. Estas mejoras las elegimos a partir de un listado de habilidades que intercambiaremos por el conocimiento en forma de cristales cada vez que nuestra caravana perezca en el intento. La suerte de esta situación es que, pese a que debemos volver a explorar el mapa para descubrir los eventos y elementos concretos, el progreso en la historia se guarda.

Asimismo, otra de las ventajas de Sandwalkers reside en que cuando llegamos a las “grandes” urbes de Uwando, podemos intercambiar diversos bienes, descansar, aceptar misiones secundarias en forma de servicios y contratar tanto a nuevos integrantes en caso de tener bajas como a contribuyentes que nos brindan habilidades pasivas. Eso sí, todo esto está disponible siempre que tengamos una reputación mínima, fruto de la interacción con otras tribus y de nuestras decisiones en la historia y en los eventos aleatorios.

Por último pero no menos importante, Sandwalkers cuenta con un apartado visual muy llamativo, estilo píxel, con unas animaciones muy vivas y con personajes variopintos que huyen de la apariencia humana y que, aparte, se identifican fácilmente con su fuerte en batalla. Además, el mapa destaca a la perfección los distintos ecosistemas que forman el mundo de Uwando, resaltando, de un vistazo, la riqueza y la hostilidad de cada entorno. Unos entornos que, por cierto, cambian algunos de sus elementos  con cada renacer de la caravana.

Un esfuerzo que se mide en coste-beneficio

A partir de un árido desierto y el conflicto climático, Sandwalkers pone de manifiesto la vital importancia de preservar los recursos que nos ofrece nuestro planeta, al mismo tiempo que cuidamos el entorno en su sentido más amplio. Igualmente, se encarga de recordarnos que la unidad hace la fuerza, y que cada tribu por sí sola no puede poner fin a una era de suplicio climatológico.

Situarnos en el vasto mundo de Uwando y controlar el significado de todas las variables en combate cuesta un poco al principio, algo que sumado a la repetida renovación inicial de la caravana hace que invirtamos alguna que otra hora antes de coger el ritmo de la partida. Aun así, y teniendo en cuenta que con el avance de la aventura podemos permitirnos activar el piloto automático en algunos momentos, Sandwalkers nos permite elegir la profundidad y el nivel de completismo que queremos de su experiencia a medida que dominamos cada parámetro de su sistema.

Este análisis ha sido realizado gracias a una clave digital de PlayStation 5 facilitada por Red Art Games vía Press Engine.