Hay videojuegos que se centran en la jugabilidad o en la historia. Es algo normal: el videojuego se compone de narración y ludens pero más allá de este binomio tendemos a olvidar un tercer factor que tiene mucho: la experiencia. Meternos de lleno en el mundo virtual que tenemos delante de nosotros y disfrutar de ese viaje a un espacio que solo existe delante de la pantalla que tenemos justo enfrente.
En esa lucha por el hiperrealismo para meternos de lleno en la historia, destaca Neva: Prologue, por ser precisamente todo lo contrario. Una obra, que al igual que el juego base, trata sobre nuestros propios sentimientos más que un mero entretenimiento. Y si no eres capaz de entrar en su juego es lógico que no te logre atrapar y lo que presencies sea un juego precioso, pero simple y que no te reta.
La clave de la expansión que protagoniza estas líneas, ya está disponible en PC, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox Series X|S y Nintendo Switch por 2,99 €., está en conseguir convertirse en toda una experiencia en el plano estético, con escenarios bellísimos que cambian a nuestro paso y consiguen la matrícula de honor casi al final del juego, con una caja que se abre (literalmente) revelando distintos paraderos de un mismo nivel.
La luz en la oscuridad
Es lógico que tras leer esto, y si no has jugado al juego original, te preguntes: «Sí, veo que es precioso y está cargado de sentimientos, ¿pero cómo se desarrolla el juego?»
Hablar de Neva: Prologue en términos jugables es complicado. No porque su jugabilidad lo sea, de hecho su esquema es tremendamente simple. Es, al fin y al cabo, una aventura de plataformas con sencillos puzles que apenas nos supondrán un reto, lo que puede espantar a aquellos que quieran afrontarlo como un reto personal. Y a esto ayuda su duración, 60 minutos que, lejos de parecer escasos es una de sus mayores virtudes.
Su jugabilidad obedece a una narrativa concreta, planteándonos un duro y precioso viaje plagado de pruebas que superar, con los gráciles movimientos de nuestra protagonista en un mundo que poco a poco va volviéndose más desafiante y vibrante. Un viaje en el que tendremos que ganarnos la confianza de Neva y guiar a ambas partes a través de los humedales marchitos y las fuerzas oscuras que los acechan.
Al final, la auténtica dificultad de Neva: Prologue reside sobre todo en aceptar nuestra afinidad con su historia. En abrirnos a ese silencio sepulcral entre la obra y el jugador, cuyo desenlace ofrece una luz y un motivo a cada salto, puzle o caída del camino, sin necesidad de que haya demasiados enemigos que entorpezcan nuestro camino.
Porque incluso en esa simpleza puede verse parte del mensaje. Como tener que mantener el botón pulsado para enfrentarnos a la tormenta y sentir en nuestro dedo la tensión de plantar cara a la naturaleza.
Este texto ha sido realizado gracias a una clave digital de PC facilitada por Cosmocover.






















