Muchas historias emplean la amnesia como eje central de sus tramas, siendo el tema principal de estas la búsqueda del yo. De hecho, se trata de un recurso muy interesante con el que poder trabajar mucho mejor nuestros personajes principales. Imagina una historia que se inicia con un o una protagonista que no recuerda quién es o que solo recuerda una versión antigua de su historia. Observará su universo con sorpresa, sin saber muy bien qué lugar ocupa en él. Pero, más importante aún, se preguntará quién es.
Esta es una pregunta importantísima, pues todos nos la hemos hecho alguna vez. Entendernos, conocernos internamente y poder ser conscientes de nuestra personalidad es algo que llevamos intentando averiguar desde nuestra adolescencia. Las tramas que parten con un personaje amnésico tratan una de las incógnitas universales de forma literal: ¿quién soy? ¿por qué soy así? ¿qué me llevó a tomar esa decisión?
Pero, en el marco de la ficción y de la narrativa, nos permite muchas más cosas que reflexionar alrededor de estas preguntas: nos ofrece un eje narrativo que poder explotar. Ante un personaje con amnesia podemos decantarnos por dos formas de trabajar:
- La trama se desenvuelve mientras, de forma paralela, el o la protagonista va descubriendo quién es.
- La trama se desenvuelve PORQUE el o la protagonista va descubriendo quién es.
Y obras como Dynasty Warriors: Origins, se amparan en esta máxima, utilizando la pérdida de memoria para sumergir al jugador en el descubrimiento del mundo y la identidad del protagonista, un personaje original, un guerrero errante sin nombre que sufre amnesia. Este héroe amnésico, experto en artes marciales, se ve envuelto en el caos de los Tres Reinos, interactuando con figuras históricas y decidiendo su alianza con líderes como Cao Cao, Sun Jian o Liu Bei.
Si bien, y a diferencia de las entregas anteriores de la saga, que no habían representado la Rebelión de los Turbantes Amarillos con detalle, este título profundiza en los orígenes y las calamidades de los Turbantes Amarillos, así como las perspectivas de cada uno de los generales de las tropas vencidas. Asimismo, la narrativa nos habla, a veces a gritos, otras a susurros, sobre conspiraciones, traiciones domésticas, batallas personales y militares, las intrigas y las luchas de estos estados para lograr el dominio durante casi 100 años.
¿Estás cansado de los personajes con amnesia en los videojuegos? Pues toma dos tazas
Dynasty Warriors: Origins, además de su excelente tratamiento narrativo, es un musou evolucionado y que aporta novedades muy interesantes en el terreno jugable. Sin ir más lejos, nos parece uno de los mejores videojuegos dentro de este estilo, con más variedad de la que estamos acostumbrados a ver, un sistema de combate francamente divertido y un acabado técnico muy sólido que saca un buen rendimiento al poder de las consolas actuales.
La base jugable sigue intacta, con la alternancia de ataques normales y fuertes para ejecutar una alta variedad de combos. Sigue siendo importante romper las defensas de los enemigos más fuertes y rematarlos, pero ahora hemos notado que la acción es más intensa y vertiginosa. Todas las acciones de combate se ven claramente favorecidas por la mayor suavidad obtenida en los sistemas a los que sirve, incluso la consola de Nintendo. Las esquivas son más satisfactorias y nuestro protagonista puede hacer parries de lo más gratificantes. Es una absoluta gozada enfrentarse a hordas de monstruos, ahora con más herramientas combativas que nunca.
Imaginemos todo esto incorporado al conjunto ya de por sí interesante en un musou como lo es una saga con tanta historia detrás y tantas ramificaciones. Las oportunidades de interacción se multiplican, y prácticamente todo el tiempo estamos pendientes de cuándo surge alguna nueva oportunidad combativa. Esto añade frenetismo y variedad a la propuesta, dos ingredientes que hacen que Dynasty Warriors: Origins acabe siendo un mejor videojuego. Pero obviamente no todo es nuevo, y hay elementos que se ha preferido mantener.
Y aunque sea el musou más variado que hemos visto, también creemos que hay margen para perfeccionar la fórmula con mayor variedad de secciones jugables y planteamientos. Y si os lo preguntáis, sí, los jefes están a un buen nivel. No son nada escasos, aunque tienden a volver a aparecer bastantes veces bajo distintas justificaciones. Pero lo dicho, no están nada mal y ayudan a fortalecer la fórmula tradicional de este estilo de hacer videojuegos. En modo normal nos pueden hacer morder el polvo en alguna ocasión, suponiendo un reto gratificante.
La sensación de poder a los mandos
Por lo demás, la obra que protagoniza estas líneas es una experiencia muy recomendable tanto para quienes disfrutan del género musou o para quienes quieran adentrarse en este género. Su narrativa está más trabajada de lo que suele ser habitual, siendo interesante y consiguiendo sorprendernos dándonos nuevos detalles sobre la historia que todos podíamos conocer en pasadas iteraciones; desde luego, a mí el final me ha convencido.
Como es esperable, lo mejor de todo es su genial jugabilidad, que combina la sensación de poderío con combates espectaculares, ataques especiales satisfactorios y un componente táctico de las batallas mucho más potenciado respecto a lo que estamos acostumbrados a ver. No creo que sea perfecto, pero está más que a la altura como para considerarse un digno videojuego de esta popular franquicia. Estoy seguro de que todos los fans se sentirán satisfechos.
Este análisis ha sido realizado gracias a una clave digital de Nintendo Switch 2 facilitada por Koei Tecmo Europe.





















